Cada día llega a mis oídos
historias de maltrato y violencia hacia mujeres, niños, ancianos y animales, en
estas situaciones me pongo a pensar, que algo estamos haciendo mal como
sociedad y en nuestra familia; si bien
es cierto que cada ser humano elige su forma de ser y desarrollarse en la vida,
también el entono en el que se encuentra es decisivo para formar al joven y
hombre del mañana.
Un señor de 85 años me dijo
“según estamos avanzando, pero no, en realidad estamos retrocediendo”, al
detenerme a pensar en sus palabras, me doy cuenta que los ancianos son personas
sabias y llenas de historia, tienen en sus manos una gran comparación del
pasado y el presente; y es que anteriormente las madres dedicaban mucho más
tiempo a la educación de los hijos, a formar hombres de bien, a pesar de la
falta de recursos y tener madres sin
estudios, los hijos crecían respetando a sus mayores, con valores y educación,
como me dijo una vez Doña Hermelinda (la señora de limpieza) “Seremos pobres
pero no por eso vamos a ser cochinos y mis hijos no son malandros”.
Diariamente escuchamos en los
spots publicitarios a los funcionarios diciéndonos que hemos avanzado mucho y
que vamos por un buen camino, pero en mi opinión eso es mentira, el
despilfarrar dinero en obras públicas no significa que estamos avanzando y
tampoco que somos una mejor sociedad, el número de pobreza va en ascenso, tras
cada obra pública existen desaparición de mujeres y niños ¿acaso el desarrollo
tecnológico ha logrado terminar con la violencia? Resulta irónico pues ese
desarrollo ha lanzado al mundo armas de destrucción masiva; el acceso a internet
es lo más importante en la actualidad pero, ¿casualmente no han sido las redes
sociales las promotoras de crímenes de odio contra personas por su raza,
religión y preferencia sexual?
La televisión, sin duda es uno de
los inventos más importantes del mundo, nos sirve para enterarnos de lo que
sucede en otros países, pero a su vez a alejado a las madres de la atención que
necesitan sus hijos, es la televisión la que enreda a los niños con programas poco provechosos,
las telenovelas son las encargadas de crear un mundo de fantasía para nuestras
mujeres.
En 2017 parece poco probable que
aun existan pensamientos machistas como en 1910, sin embargo aún persisten y
están afectando a nuestra sociedad, lo desalentador es que en muchas ocasiones
éstas costumbres y formas de pensar son alentadas por las madres. En alguna
ocasión me topé con una niña que era maltratada por el novio, su madre lo sabía
y aun así alentó a su hija a quedarse con él, bajo el argumento que “no existía
nadie mejor para ella”, es notable que la niña crecerá pensando que como mujer
a lo máximo que puede aspirar es a un hombre golpeador. Como padres de familia
debemos reflexionar las palabras que utilizamos hacia nuestros hijos, ya que
seremos responsables de crear inseguridades en ellos y probablemente en un
futuro se toparan con un hombre maltratador al cual sus padres tampoco le
enseñaron valores y el respeto hacia la mujer, y que la mujer de baja
autoestima que criamos será blanco fácil para sus maltratos.
El amor es ciego, sordo y mudo en
nuestra adolescencia, sin embargo con las palabras precisas y los valores
correctos viviremos menos casos de violencia en los noviazgos y familia. Hace
algunos años pensaba que un hijo no tenía por qué ser lo que vivió en casa, sin
embargo a lo largo del camino apoyo cada vez más la frase que dice “los hijos
son el reflejo de los padres”. En un familia donde los hijos van creciendo y
ven a sus padres cada fin de semana perderse en el alcohol podemos estar
seguros que a partir de su adolescencia lo harán; la madre que dice al por
mayor groserías y que levanta a sus hijos a punta de “pendejos”, en un futuro
no lejano le hablaran sin respeto a sus padres; si los hijos ven a los padres
tirar basura en la calle y también maltratar a los perros, tengamos por seguro
que el niño comenzará a hacer lo mismo en su niñez, adolescencia y vida adulta
y a su vez educará y tratará de la misma forma a su familia y entonces será en
círculo que nunca se romperá, estaremos dando a la sociedad malos hijos, malos
padres, malos ciudadanos, malos vecinos y malos seres humanos.
El cambio que tanto pedimos a los
gobiernos, está en nosotros, en nuestra familia, en la crianza, en los valores
que vamos dando de generación en generación, solo así podremos hacer un país
más desarrollado.



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