ONGs FANTASMAS Y FALSOS AMBIENTALISTAS CONTRA EL CABLEBÚS EN
PUEBLA
La implementación de un proyecto de movilidad de gran escala
como el Cablebús inevitablemente genera debate público. Es natural que existan
posturas encontradas cuando se trata de obras que transforman la
infraestructura urbana y el modo en que miles de personas se desplazan
diariamente por la ciudad.
No obstante, si el análisis se realiza con criterios
técnicos —como ocurre en cualquier estudio serio de costo-beneficio— resulta
evidente que el impacto positivo del proyecto supera con creces las objeciones
que algunos sectores han pretendido magnificar. El eventual trasplante de
algunos árboles, práctica que además puede realizarse con protocolos
ambientales adecuados, se justifica plenamente cuando el objetivo es garantizar
un sistema de transporte seguro, rápido, eficiente y de bajas emisiones para
alrededor de veinticinco mil poblanas y poblanos cada día.
El Cablebús no es un capricho político ni una obra
ornamental. Se trata de una solución de movilidad probada en múltiples ciudades
del mundo, especialmente útil en zonas urbanas con pendientes pronunciadas o
con alta densidad poblacional donde los sistemas tradicionales de transporte
resultan insuficientes. Además, su operación eléctrica lo convierte en una
alternativa mucho menos contaminante que el parque vehicular actual.
Sin embargo, como ha ocurrido en otros proyectos
estratégicos del país, no han faltado voces que buscan desacreditar la obra
mediante argumentos que, más que técnicos, parecen responder a intereses
políticos. De pronto surgen supuestas organizaciones ambientalistas que,
durante años, guardaron silencio frente a problemas reales como la tala
clandestina, el crecimiento urbano desordenado o la contaminación generada por
unidades de transporte obsoletas.
Resulta, por decir lo menos, paradójico que quienes nunca
levantaron la voz frente a esos fenómenos hoy pretendan presentarse como
defensores absolutos del medio ambiente. La protección ambiental exige
coherencia y trabajo constante, no activismo episódico que aparece únicamente
cuando existe la posibilidad de convertir un proyecto público en arena de
disputa política.
La realidad es que Puebla enfrenta un desafío urgente en
materia de movilidad. Durante décadas, el transporte público ha operado con
unidades viejas, altamente contaminantes y con un servicio que dista mucho de
responder a las necesidades de una metrópoli moderna. Miles de poblanos
invierten horas de su vida en trayectos largos, incómodos y, en muchos casos,
inseguros.
Frente a ese escenario, el Cablebús representa una
alternativa innovadora que puede transformar la manera en que se conectan
distintas zonas de la capital. Los sistemas de transporte por cable han
demostrado su eficacia en ciudades de gran complejidad urbana y han permitido
mejorar significativamente la calidad de vida de la población al reducir
tiempos de traslado y emisiones contaminantes.
Por ello, más allá del ruido mediático o de las críticas sin
sustento técnico, lo verdaderamente relevante es que Puebla avance hacia un
modelo de movilidad más eficiente, sustentable y digno para sus habitantes.
Las poblanas y los poblanos merecen un transporte público
moderno que deje atrás a los viejos camiones que contaminan la atmósfera con
densas columnas de humo negro. Apostar por soluciones tecnológicas limpias y
seguras no es un retroceso: es, por el contrario, una señal de que la ciudad
está decidida a mirar hacia el futuro.
Con proyectos como el Cablebús, Puebla puede colocarse a la
altura de las grandes metrópolis del mundo que han entendido que la movilidad
urbana es uno de los pilares fundamentales del desarrollo.
Y cuando una obra pública tiene como objetivo mejorar la
vida cotidiana de miles de ciudadanos, lo responsable es debatirla con
argumentos, no intentar detenerla mediante campañas de desinformación.
Porque al final del día, el verdadero interés público no se
mide por la estridencia de algunas voces, sino por el beneficio real que una
política pública genera para la sociedad.



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