lunes, 27 de abril de 2026

Nuevos Horizontes


 

Cátedra Matilde Montoya, primera médica mexicana

                                                                                             Alberto Jiménez Merino

De acuerdo con Wikipedia, Matilde Petra Montoya Lafragua, nació el 14 de marzo de 1857 y murió el 26 de enero de 1938. Fue la primera mujer mexicana en alcanzar el grado académico de médico, en 1887, por parte de la Escuela Nacional de Medicina (ENM). 

Su logro marcó un precedente importante para la inclusión de las mujeres en profesiones tradicionalmente dominadas por hombres. Creó la frase “Hombres y mujeres deben tener los mismos derechos intelectuales y civiles”.

Ejerció como partera en Puebla, donde sufrió difamación por parte de médicos varones que no aceptaban a una mejer en el campo, obligándola a buscar el respaldo del presidente, Porfirio Díaz (www.gacetafacmed.unam.mx). Fue pionera del feminismo y la medicina. Desde temprana edad mostró su vocación por la medicina y el deseo de superar las barreras impuestas a las mujeres en la sociedad de su tiempo.

“Con tesón, Matilde Petra Montoya Lafragua abrió el camino de la medicina, la ciencia y el saber, para muchas mujeres mexicanas. Desde pequeña tuvo que lidiar con los prejuicios de su tiempo”, destacan Gabriela Castañeda López y Ana Cecilia Rodríguez, pioneras de la medicina mexicana en la UNAM en Del Porfiriato al Nuevo Régimen, 1887-1936, citado por Fernando Guzmán, (www.gacetafacmed.unam.mx). 

A los 14 años Matilde Montoya, describe Castañeda, del Laboratorio de historia de la medicina, del Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía, llegó a Cuernavaca, aprobando exitosamente el examen para ser partera y en donde vivió después de haber cursado la materia durante un año en la ENM, la cual abandonó por la muerte de su papá y por falta de recursos. Luego, regresó a la ENM y a los 16 años, el 12 de mayo de 1873 obtuvo el título de Partera.

Por motivos de salud, en 1875 se trasladó a vivir a Puebla, donde su éxito y prestigio como partera estuvo marcado por la calumnia, la difamación y la envidia de médicos y diarios de la época, estigmatizada por sus creencias al ser protestante y simpatizante de la masonería.

Posteriormente, se trasladó a Veracruz, y regresó a Puebla en 1880, matriculándose en la Escuela de Medicina y Farmacia para seguir su vocación de convertirse en médica, carrera que no terminaría en Puebla sino en la Ciudad de México. Algunos no querían que entrara a clases, especialmente en las disecciones, ya que “no podría estar en estas prácticas con cadáveres desnudos junto a profesores y alumnos”.

Para la época, continúa Castañeda, era inadmisible que la mujer cursara alguna carrera liberal como derecho o medicina, pese a que ni la Constitución, ni la Ley de Instrucción Pública de 1867, lo prohibían. La mujer debía estar al cuidado de la casa y la familia.

Para aprender medicina en Puebla y luego hacer carrera y presentar el examen profesional en la ENM, Matilde Montoya necesitaba la aprobación del gobernador de Puebla y una orden del presidente, Porfirio Díaz. No solo logró ambas, sino incluso el mismo Porfirio Díaz estuvo en el examen profesional que hizo en agosto de 1887, con la tesis, Técnica de laboratorio en algunas investigaciones clínicas.

Como deferencia, el presidente Díaz le entregó el título de Médico Cirujano Partero; y, aun cuando asistieron destacados médicos, ingenieros, abogados, periodistas y miembros de la élite gubernamental, no fue reportado por la Gaceta médica de México, aunque sí, por medios nacionales como El Tiempo, concluye Gabriela Castañeda, citada por Fernando Guzmán.

En Puebla, para honrar a esta gran mexicana, el H. Congreso del Estado que preside el diputado Pavel Gaspar Ramírez, a través el Consejo Consultivo Académico, encabezado por la diputada, Marisol Amieva Zamora, e integrado por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP), la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP), el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM), la Universidad Anáhuac Puebla, así como el Instituto Tecnológico de Puebla (ITP), la Universidad Tecnológica de Puebla (UTP), el Instituto Politécnico Nacional (IPN), la Universidad Iberoamericana de Puebla, el Instituto de Administración Pública del Estado de Puebla (IAP), El Colegio de Puebla (COLPUE), entre otras instituciones educativas, crearon la Cátedra Doctora Matilde Montoya, para honrar y recordar a esta mexicana ejemplar que abrió la brecha médica a miles de mujeres en nuestro país.

La inauguración y Cátedra Magistral se realizará este 29 de abril de 2026, y estará a cargo de la doctora Annie Pardo Cemo, bióloga celular especialista en la matriz extracelular, y de la doctora Rosaura Ruiz Gutiérrez, bióloga especialista en Teoría de la evolución.

Como poblano, agradezco al H. Congreso del Estado de Puebla y al Consejo Consultivo Académico por esta gran iniciativa para honrar a una mexicana que ha inspirado y, seguramente, seguirá inspirando a muchas niñas y mujeres en la búsqueda de mejores oportunidades profesionales y del privilegio de servir a la sociedad.


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Cátedra Matilde Montoya, primera médica mexicana

                                                                                             Alberto Jiménez Merino

De acuerdo con Wikipedia, Matilde Petra Montoya Lafragua, nació el 14 de marzo de 1857 y murió el 26 de enero de 1938. Fue la primera mujer mexicana en alcanzar el grado académico de médico, en 1887, por parte de la Escuela Nacional de Medicina (ENM). 

Su logro marcó un precedente importante para la inclusión de las mujeres en profesiones tradicionalmente dominadas por hombres. Creó la frase “Hombres y mujeres deben tener los mismos derechos intelectuales y civiles”.

Ejerció como partera en Puebla, donde sufrió difamación por parte de médicos varones que no aceptaban a una mejer en el campo, obligándola a buscar el respaldo del presidente, Porfirio Díaz (www.gacetafacmed.unam.mx). Fue pionera del feminismo y la medicina. Desde temprana edad mostró su vocación por la medicina y el deseo de superar las barreras impuestas a las mujeres en la sociedad de su tiempo.

“Con tesón, Matilde Petra Montoya Lafragua abrió el camino de la medicina, la ciencia y el saber, para muchas mujeres mexicanas. Desde pequeña tuvo que lidiar con los prejuicios de su tiempo”, destacan Gabriela Castañeda López y Ana Cecilia Rodríguez, pioneras de la medicina mexicana en la UNAM en Del Porfiriato al Nuevo Régimen, 1887-1936, citado por Fernando Guzmán, (www.gacetafacmed.unam.mx). 

A los 14 años Matilde Montoya, describe Castañeda, del Laboratorio de historia de la medicina, del Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía, llegó a Cuernavaca, aprobando exitosamente el examen para ser partera y en donde vivió después de haber cursado la materia durante un año en la ENM, la cual abandonó por la muerte de su papá y por falta de recursos. Luego, regresó a la ENM y a los 16 años, el 12 de mayo de 1873 obtuvo el título de Partera.

Por motivos de salud, en 1875 se trasladó a vivir a Puebla, donde su éxito y prestigio como partera estuvo marcado por la calumnia, la difamación y la envidia de médicos y diarios de la época, estigmatizada por sus creencias al ser protestante y simpatizante de la masonería.

Posteriormente, se trasladó a Veracruz, y regresó a Puebla en 1880, matriculándose en la Escuela de Medicina y Farmacia para seguir su vocación de convertirse en médica, carrera que no terminaría en Puebla sino en la Ciudad de México. Algunos no querían que entrara a clases, especialmente en las disecciones, ya que “no podría estar en estas prácticas con cadáveres desnudos junto a profesores y alumnos”.

Para la época, continúa Castañeda, era inadmisible que la mujer cursara alguna carrera liberal como derecho o medicina, pese a que ni la Constitución, ni la Ley de Instrucción Pública de 1867, lo prohibían. La mujer debía estar al cuidado de la casa y la familia.

Para aprender medicina en Puebla y luego hacer carrera y presentar el examen profesional en la ENM, Matilde Montoya necesitaba la aprobación del gobernador de Puebla y una orden del presidente, Porfirio Díaz. No solo logró ambas, sino incluso el mismo Porfirio Díaz estuvo en el examen profesional que hizo en agosto de 1887, con la tesis, Técnica de laboratorio en algunas investigaciones clínicas.

Como deferencia, el presidente Díaz le entregó el título de Médico Cirujano Partero; y, aun cuando asistieron destacados médicos, ingenieros, abogados, periodistas y miembros de la élite gubernamental, no fue reportado por la Gaceta médica de México, aunque sí, por medios nacionales como El Tiempo, concluye Gabriela Castañeda, citada por Fernando Guzmán.

En Puebla, para honrar a esta gran mexicana, el H. Congreso del Estado que preside el diputado Pavel Gaspar Ramírez, a través el Consejo Consultivo Académico, encabezado por la diputada, Marisol Amieva Zamora, e integrado por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP), la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP), el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM), la Universidad Anáhuac Puebla, así como el Instituto Tecnológico de Puebla (ITP), la Universidad Tecnológica de Puebla (UTP), el Instituto Politécnico Nacional (IPN), la Universidad Iberoamericana de Puebla, el Instituto de Administración Pública del Estado de Puebla (IAP), El Colegio de Puebla (COLPUE), entre otras instituciones educativas, crearon la Cátedra Doctora Matilde Montoya, para honrar y recordar a esta mexicana ejemplar que abrió la brecha médica a miles de mujeres en nuestro país.

La inauguración y Cátedra Magistral se realizará este 29 de abril de 2026, y estará a cargo de la doctora Annie Pardo Cemo, bióloga celular especialista en la matriz extracelular, y de la doctora Rosaura Ruiz Gutiérrez, bióloga especialista en Teoría de la evolución.

Como poblano, agradezco al H. Congreso del Estado de Puebla y al Consejo Consultivo Académico por esta gran iniciativa para honrar a una mexicana que ha inspirado y, seguramente, seguirá inspirando a muchas niñas y mujeres en la búsqueda de mejores oportunidades profesionales y del privilegio de servir a la sociedad.


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