Acciones inmediatas contra el calor y la sequía
Alberto
Jiménez Merino
La
noche del 16 de mayo fue inusualmente calurosa la ciudad de Puebla, igual que
la primera quincena de este mes, no recuerdo haber vivido una situación
similar. El cambio climático es una realidad que nos alcanzó,
lamentablemente, sin tener un plan real y práctico.
En
la Mixteca Poblana, se han registrado temperaturas extremas, rebasando el
promedio estatal. En lo que va de mayo, esta región ha tenido días de 43°C que
la convierten en la más cálida de los últimos 10 años, según datos del Sistema
Meteorológico Nacional (SMN) dependiente de la Comisión Nacional de Agua (CONAGUA),
citados por Mayra Flores, en El Sol de Puebla, 14de mayo de 2026.
Naturalmente,
mayo es el mes más caluroso dentro de los climas existentes en México. Pero
acciones como la deforestación, las prácticas productivas con predominancia
extractiva que derivan en un gran deterioro ambiental, el incremento de gases
efecto invernadero (GEI) por el uso de combustibles fósiles, el incremento de
la sequía en casi 30% en los últimos 24 años, han derivado en mayor desorden
climático reflejado en la incidencia de fenómenos meteorológicos más intensos y
frecuentes.
Pero
más que teorizar o echarnos culpas como lo hemos hecho por décadas en la
sociedad, la academia y el gobierno, requerimos acciones reales, pequeñas o
grandes, que nos activen en la solución de estos dos graves problemas climáticos:
el aumento de temperaturas y la falta de lluvias.
De
acuerdo con diversas fuentes, la temperatura ambiental óptima para mantener el
confort del cuerpo humano varía de 18 a 22 °C, la máxima es de 55°C y la mínima
de -10°C. La temperatura corporal óptima es de 36.5°C, la máxima de 41°C y la
mínima de 27°C. Datos muy similares se observan para los animales domésticos de
sangre caliente. Las plantas se desarrollan mejor con temperaturas óptimas de
22 a 28°C, aunque algunas soportan máximas de 40 y mínimas de 10°C, aunque hay
algunas que sobreviven a valores menores a 0°C.
La
diferencia de temperatura entre la sombra de un árbol y el campo abierto puede
ser de 1 a 5°C y de 11 a 17°C en áreas de estacionamientos (www.20230palette.org). La malla-sombra, dependiendo del porcentaje
de luz que deja pasar, puede registrar disminuciones de temperatura de 5 a
10°C, las paredes y superficies sombreadas pueden bajar la temperatura entre 11
y 25°C
En
términos productivos se conoce que vacas lecheras expuestas al sol permanente,
en la zona tropical de Jamaica, tuvieron crías al nacimiento de 34 kg contra 39
kg de las que tuvieron acceso a la sombra. La producción de leche al año fue de
500 kg más para las que tuvieron sombra.
Con
relación a la lluvia se sabe que el 72% del agua que cae se evapora casi
instantáneamente y el 8% escurre al mar sin aprovechamiento (Secretaría de
Medio y Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT), Gobierno de México), lo cual
indica que de los 1,488 km³ que México recibe cada año,
el 80% se pierde sin darnos cuenta. No obstante, los graves problemas de
disponibilidad de agua.
Ante
esta situación, es necesario conocer aquellas prácticas viables que reduzcan el
impacto de las altas temperaturas sobre el medio ambiente y las actividades
productivas, que se pueden hacer por los ciudadanos y el gobierno, las instituciones
educativas y los ambientalistas. Algunas, aunque parecen obvias e
insignificantes, no se han hecho por desconocimiento y porque simplemente hemos
esperados que otros las hagan por nosotros.
Algunas
de estas prácticas son:
Adoptar
o instalar sombra para la gente y
el ganado utilizando árboles existentes, mallas, techados o enramadas. No es
cierto que los animales están acostumbrados al sol. También requieren agua
limpia y fresca permanentemente.
Plantar
o sembrar árboles, ya que hacen
falta muchos en las zonas rurales y urbanas. Pueden venir de viveros o
directamente de semillas. Por estos días debajo de la mayoría de los árboles,
hay vistosas alfombras de semilla, como el fresno en la ciudad de Puebla. Estas
se pueden juntar, seleccionar las mejores y sembrarlas con pala o barreta antes
de las lluvias para que germinen y se establezcan. Es el mecanismo natural que
hemos desconocido u olvidado.
Retener
la lluvia en las partes altas,
es decir, en montañas, laderas y, especialmente en las áreas de captación de manantiales
y pozos, para reducir inundaciones y asegurar la disponibilidad de agua
durante el año.
Captar
la lluvia en techados o represas en el
campo, para complementar las necesidades de agua para consumo y
producción.
Evitar
escurrimientos en terrenos agrícolas
y ganaderos para maximizar el aprovechamiento de la lluvia mediante su
conducción en curvas de nivel, así como realizar aflojamiento del terreno
con equipo de subsoleo para eliminar la compactación y aumentar la absorción de
lluvia y los rendimientos en zonas de temporal.
Evitar
la quema de residuos de cosecha,
dejándolos sobre el terreno y/o incorporándolos a la tierra para aumentar la
materia orgánica que mejora la capacidad de retención de humedad, además de aumentar
los rendimientos futuros y contribuir a la recarga de acuíferos.



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