Chapingo, una raza que quema los libros
Alberto
Jiménez Merino
“Soy el amo de mi destino, el único capitán de
mi alma”.
Ernest
Hentley
La
Universidad Autónoma Chapingo (UACH), cada año se queda sin libros porque sus
egresados los queman, al igual que lo hicimos en mi generación en 1982. Y es
que, así es la raza...
Pero
no se espanten mis queridos tres fieles lectores. Me refiero a que la
celebración de clausura, al término de la carrera de ingeniero agrónomo, se
llama desde hace muchos años “Quema del Libro”.
Y
es que se supone, y ocurre mucho en la práctica, que al terminar la carrera ya
no será necesario estudiar más porque ya lo hicimos arduamente durante siete
años. Pero, el título de la celebración, para muchos, es una instrucción al
subconsciente: La Quema del Libro es igual a “yo ya estudié, ya no más esfuerzos
ni sacrificios, ahora solo me espera disfrutar de la carrera, de grandes
beneficios, cargos, buenos sueldos, y aceptación en todas partes porque soy
egresado de la UACH” (la más antigua de América y la mejor universidad
agronómica de México).
Para
los 1,250 nuevos ingenieros agrónomos, mi reflexión está encaminada a orientar
para evitar desencantos innecesarios como nos ocurrió a nosotros. Aunque he
comprobado que, para aprender algo, te tiene suceder.
Es
un gran error pensar que ya no se ocuparán los libros. Una cosa es la vida de
la escuela y bastante diferente es, la escuela de la vida. En México, hemos
tenido dificultad para llevar los problemas de las familias y las comunidades,
incluyendo las nuestras, a los contenidos educativos y programas de investigación
de los sistemas nacionales.
Nunca
se termina de aprender. Nadie nos espera para ofrecernos un empleo con el
sueldo que aspiramos; y, sin el conocimiento de los problemas y necesidades de
las unidades productivas, las comunidades, los municipios, los estados y del
país, o sin un proyecto o propuesta de solución, será muy difícil encontrar las
oportunidades anheladas.
La
formación recibida por mi generación estaba muy orientada hacia trabajar en el
gobierno, pero los gobiernos se empezaron a adelgazar y muy pocos funcionarios saben
la importancia de los servicios técnicos como la capacitación y el acompañamiento
para un mayor impacto de los apoyos materiales, de los programas y de las políticas.
Dado
que los apoyos materiales son más lucidores políticamente y los niveles de
pobreza requieren de respuestas a corto plazo, ambos, sociedad y gobierno los
han privilegiado por encima de los apoyos intelectuales. Contratar técnicos no
solo implica sueldos, sino prestaciones sociales y logística como vehículos,
equipo de cómputo y combustibles. He visto a varios secretarios de Hacienda y
de Finanzas, hacer gestos cuando se plantea apoyar esta necesidad, sin saber
que los apoyos materiales que no llevan apoyo técnico reducen su impacto o se
pierden lamentablemente, sin el beneficio deseado.
Pero
la formación recibida no nos orientó a ser propositivos, no nos enseñó a
emprender, a integrar propuestas o proyectos que resuelvan problemas, no nos
enseñaron a expresarnos ni oral ni en forma escrita. Cuando iniciaba a dar
discursos, trataba de ocupar los 90 minutos que duran las clases, buscando
demostrar que sabía. Hoy sé que una intervención pública debe ser máximo de 10
minutos, optima de 7.5 y mínima de 5. Pero, 3 minutos o hacer una petición en
10 palabras, es más efectivo ante autoridades muy ocupadas.
Algún
tiempo hablé para impresionar. Mis estudiantes en zootecnia empezaron a decir
que era buen maestro porque me sabía los nombres científicos de las plantas del
curso de praderas. Mi lenguaje era elevado hasta que, 10 años después, me di
cuenta de que la escolaridad de los campesinos era de 3.3 años. Y, desde
entonces, privilegié la capacitación demostrativa sobre las pláticas teóricas.
Como le han hecho antes, se volvió una pregunta indispensable para resolver y
decidir.
En
cuanto a proyectos y propuestas, he visto y hecho cientos. Pero, mientras más
concretas sean, es mejor. Antecedentes, problemática, propuesta, estrategia, meta,
necesidades de recursos, impactos y beneficios, es lo importante, todo lo demás
es paja. Pueden ser 3 páginas y posible hasta 10 láminas.
El
emprendimiento requiere entre dos y tres años de aprendizaje indispensables.
Por ello, creo que mientras más pronto empiece, es mejor. Esto debería ser una
materia desde el inicio de la especialidad y egresar con una empresa ya formada,
porque independiente de ideologías o creencias, lo único que revierte la pobreza
es la creación de riqueza, y esto solo se hace desarrollando empresas de
productos y/o servicios.
Hay
muchas tareas pendientes para la agronomía, independientemente si son problemas
creados por otros, la participación de los ingenieros agrónomos puede revertir
las prácticas extractivas de producción que prevalecen hoy, elevar rendimientos,
reducir tiempos de procesos y bajar costos, así como revertir el deterioro
ambiental en diferentes sectores, aumentar la producción de maíz, frijol, carne
y leche.
Hace
falta desarrollar sistemas microfinanciaros para los productores ante la
debilidad de la banca social, eliminar la quema de residuos agrícolas, ofrecer
servicios técnicos para la producción en las comunidades y regiones, ordenar el
pastoreo en áreas naturales, el manejo de cuencas para recarga de acuíferos, rescatar
la milpa mexicana y posicionar prácticas agroecológicas.
Y,
si quieren de verdad influir en las decisiones públicas, dejen de ser
espectadores y críticos, y conviértanse en actores buscando estar cerca de
donde se toman las decisiones, ya sea como titulares o como auxiliares.
Entre
los 1,250 ingenieros que egresan en esta generación, veo a muchos directores de
desarrollo agropecuario, regidores y presidentes municipales, diputados
locales, diputados federales, senadores, secretarios de desarrollo agropecuario
de sus estados. También veo algunos gobernadores, secretarios de estado y
presidentes de la república.
Así
que, ¡muchas felicidades a todos y todas y, bienvenidos a la realidad
agropecuaria nacional!



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