viernes, 14 de febrero de 2014

Mensaje de año nuevo 2014 Por Brahim Zamora


Un día después de mi cumpleaños el cáncer nos arrebató a nuestro querido Alberto Teutle.
A la cena de Navidad no llegó el padre de mi amiga y compañera del Odesyr, Yini, Urbano Carrasco, porque le asesinaron brutalmente en la ciudad de Puebla (ese lugar apacible donde no pasa nada).
Son los signos de nuestros tiempos, no tendría porque estar ajeno a esta realidad nacional, a este acontecer cotidiano de sangre, dolor y muerte que nos invade en un país que todavía reconozco como una casa, como un lugar para vivir (a pesar de todo). El asunto es qué haré con ello para que no pase más.
Hacerse cargo de la realidad, se llama un informe de instituto de derechos humanos de la Ibero, la frase queda a pelo como mantra nacional.

Hoy ya es 2014. Un año que me ha entrado a la vida de puntitas, entre la bruma, por la puerta de atrás. No sé qué esperar y por ello espero todo.

Lo que sé es que será un año de trabajo duro. Muy duro.

Sigo dudando de todo, cuestionando aquello que aún respeto, y construyendo en mí. He vuelto al estudio de cosas que me apasionan.
La palabra, la poesía me llaman poderosamente (supongo que el centenario de Efraín Huerta mucho tiene que ver con ello) y si tengo un propósito es saberme organizar más, escuchar mejor a quienes me rodean; dar, no más, sino mejor, lo que realmente ayude. No creo, como Galeano, en la caridad porque como dice el uruguayo, es una relación desigual, creo en la solidaridad que nos pone en igualdad.

A pesar de los dolores, insisto en agradecer los encuentros y las posibilidades. Por ejemplo los centenarios de esas piedras de toque de nuestra cultura, Efraín Huerta, Paz, Revueltas, nos pondrán en perspectiva diferentes maneras de revisarnos como país, como ciudadanos de algo que bien a bien no acabamos de definir y que desnudos de una identidad, una ideología, vamos dando tumbos y palos de ciego desde el discurso moral encendido hasta el absoluto cinismo político. Claro el mejor homenaje es comprarse un par de libros y leerlos y de ser posible compartirlos, discutirlos, esas cosas que ya poca gente hace (hacemos).
La posibilidad jamás negada del amor. Los nuevos encuentros del año pasado que me refrescaron las ganas de saber, de seguir aprendiendo. Amar el conocimiento.

Dosmilcatorce.
Tal vez será eso, un año para mirarse pa’ dentro, inspeccionarse las tripas (ya el año pasado hablaba de mi enfermedad) respirar, darse tiempo para cuidar el cuerpo, reflexionar el cuerpo, montar en bicicleta hasta las calles del centro escuchando otras músicas, otras ideas.

De inspeccionarse los pensamientos, de remover las lecturas de pulir las estatuas de los héroes o cambiarlas por unas nuevas, menos sólidas, más endebles, para permitir que el dogma se desvanezca de una vez por todas.

Me amilana, me atemoriza hoy la incertidumbre, no me da pena decirlo. Camino sin muchas certezas de por sí, así que mis apuestas son altas y casi siempre pierdo. Las señoras les dicen a las señoritas que me hablen de usted, que qué son esas confianzas de tutearme. Sé que pintarme las canas no resolverá nada de esto que es el paso del tiempo o mi paso por el tiempo, lo que sea primero. Pero aún sigo viéndome más joven de lo que soy, o aún sigo siendo tan joven como siempre he sido, porque aún pienso en la posibilidad de un mundo distinto conmigo dentro.

Estas palabras cuestan salir, como si no tuviera claro nada. Aquí en mi caos interno y en el externo, lleno de papeles, cuadernos, libros, recuerdos.

Falta tanto por hacer que el año llega como si no importara.

Y lo que importa es que quiero enseñarle a leer a mi sobrino, llegó la hora y quiero dejarle eso, que me recuerde como el sujeto que se sentó por las tardes con él a enseñarle las letras, las sílabas y las palabras. Porque hoy por hoy --días de las imágenes--, son las palabras las que importan y me es prioritario, imprescindible que él lo sepa y lo entienda.

Tal vez sea éste el único punto de luz.

Venga pues, con ello basta.

Que sigamos vivos, que honremos la vida. Que la gocemos y comamos y bebamos con alegría. Que haya un baile y que los libros ya no quepan en los estantes ni en los ojos. Y sigamos llorando con las películas que valen la pena. Que nuestros muertos reciban justicia, que imaginemos por un instante el futuro… y con espada de madera en mano, vayamos por él.

Que en tus treinta, París, haya aprendizajes y crezcas de más, como árbol que rompe el asfalto, que incendies con tu fuerza los ánimos de más mujeres, como incendias los míos, compañera.

Y que del dolor cultivemos flores.

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viernes, 14 de febrero de 2014

Mensaje de año nuevo 2014 Por Brahim Zamora


Un día después de mi cumpleaños el cáncer nos arrebató a nuestro querido Alberto Teutle.
A la cena de Navidad no llegó el padre de mi amiga y compañera del Odesyr, Yini, Urbano Carrasco, porque le asesinaron brutalmente en la ciudad de Puebla (ese lugar apacible donde no pasa nada).
Son los signos de nuestros tiempos, no tendría porque estar ajeno a esta realidad nacional, a este acontecer cotidiano de sangre, dolor y muerte que nos invade en un país que todavía reconozco como una casa, como un lugar para vivir (a pesar de todo). El asunto es qué haré con ello para que no pase más.
Hacerse cargo de la realidad, se llama un informe de instituto de derechos humanos de la Ibero, la frase queda a pelo como mantra nacional.

Hoy ya es 2014. Un año que me ha entrado a la vida de puntitas, entre la bruma, por la puerta de atrás. No sé qué esperar y por ello espero todo.

Lo que sé es que será un año de trabajo duro. Muy duro.

Sigo dudando de todo, cuestionando aquello que aún respeto, y construyendo en mí. He vuelto al estudio de cosas que me apasionan.
La palabra, la poesía me llaman poderosamente (supongo que el centenario de Efraín Huerta mucho tiene que ver con ello) y si tengo un propósito es saberme organizar más, escuchar mejor a quienes me rodean; dar, no más, sino mejor, lo que realmente ayude. No creo, como Galeano, en la caridad porque como dice el uruguayo, es una relación desigual, creo en la solidaridad que nos pone en igualdad.

A pesar de los dolores, insisto en agradecer los encuentros y las posibilidades. Por ejemplo los centenarios de esas piedras de toque de nuestra cultura, Efraín Huerta, Paz, Revueltas, nos pondrán en perspectiva diferentes maneras de revisarnos como país, como ciudadanos de algo que bien a bien no acabamos de definir y que desnudos de una identidad, una ideología, vamos dando tumbos y palos de ciego desde el discurso moral encendido hasta el absoluto cinismo político. Claro el mejor homenaje es comprarse un par de libros y leerlos y de ser posible compartirlos, discutirlos, esas cosas que ya poca gente hace (hacemos).
La posibilidad jamás negada del amor. Los nuevos encuentros del año pasado que me refrescaron las ganas de saber, de seguir aprendiendo. Amar el conocimiento.

Dosmilcatorce.
Tal vez será eso, un año para mirarse pa’ dentro, inspeccionarse las tripas (ya el año pasado hablaba de mi enfermedad) respirar, darse tiempo para cuidar el cuerpo, reflexionar el cuerpo, montar en bicicleta hasta las calles del centro escuchando otras músicas, otras ideas.

De inspeccionarse los pensamientos, de remover las lecturas de pulir las estatuas de los héroes o cambiarlas por unas nuevas, menos sólidas, más endebles, para permitir que el dogma se desvanezca de una vez por todas.

Me amilana, me atemoriza hoy la incertidumbre, no me da pena decirlo. Camino sin muchas certezas de por sí, así que mis apuestas son altas y casi siempre pierdo. Las señoras les dicen a las señoritas que me hablen de usted, que qué son esas confianzas de tutearme. Sé que pintarme las canas no resolverá nada de esto que es el paso del tiempo o mi paso por el tiempo, lo que sea primero. Pero aún sigo viéndome más joven de lo que soy, o aún sigo siendo tan joven como siempre he sido, porque aún pienso en la posibilidad de un mundo distinto conmigo dentro.

Estas palabras cuestan salir, como si no tuviera claro nada. Aquí en mi caos interno y en el externo, lleno de papeles, cuadernos, libros, recuerdos.

Falta tanto por hacer que el año llega como si no importara.

Y lo que importa es que quiero enseñarle a leer a mi sobrino, llegó la hora y quiero dejarle eso, que me recuerde como el sujeto que se sentó por las tardes con él a enseñarle las letras, las sílabas y las palabras. Porque hoy por hoy --días de las imágenes--, son las palabras las que importan y me es prioritario, imprescindible que él lo sepa y lo entienda.

Tal vez sea éste el único punto de luz.

Venga pues, con ello basta.

Que sigamos vivos, que honremos la vida. Que la gocemos y comamos y bebamos con alegría. Que haya un baile y que los libros ya no quepan en los estantes ni en los ojos. Y sigamos llorando con las películas que valen la pena. Que nuestros muertos reciban justicia, que imaginemos por un instante el futuro… y con espada de madera en mano, vayamos por él.

Que en tus treinta, París, haya aprendizajes y crezcas de más, como árbol que rompe el asfalto, que incendies con tu fuerza los ánimos de más mujeres, como incendias los míos, compañera.

Y que del dolor cultivemos flores.

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